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Domingo, 28 de Noviembre de 2010 12:14 |
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Fer Fadilah (Fernanda González), reconocida artista en el mundo de las Danzas Árabes, nació un 11 de junio en la ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina.
Sus comienzos en el Bellydance fueron repentinos e inesperados. A la temprana edad de los 15 años, comenzó un curso para aprender a bailar la milenaria Danza del Vientre. Su motivación fue tan intensa, que el avance fue a pasos agigantados. Para continuar con su perfeccionamiento artístico, estudió en las academias más reconocidas del país, tomando clases y seminarios, empapándose así de la cultura árabe: su música, sus tradiciones y todos los elementos necesarios para convertirse en una gran bailarina.
Al mismo tiempo, continuó los estudios universitarios en su ciudad natal y –sin dejar de lado la danza– logró culminar la carrera de Licenciatura en Periodismo, trabajando al mismo tiempo en medios locales.
A fines de 2005, comenzó a experimentar la docencia, volcando su vocación artística en sus alumnas; y culminó el Instructorado en Ritmos en su ciudad. En paralelo, continuó perfeccionándose en Bellydance en la Escuela del Maestro Amir Thaleb. A través de los años, se consagró como una prestigiosa bailarina y profesora de Rosario. Sus alumnas se presentaron en importantes eventos del país, en los cuales obtuvieron merecidos premios bajo el nombre de la "Academia Fadilah".
A comienzos de 2008, fue convocada por una importante empresa artística del Líbano y, actualmente, se encuentra trabajando en los países árabes como bailarina profesional, presentando sus shows en las cadenas hoteleras más importantes de Medio Oriente. Durante el 2008, presentó también sus shows en el Hotel Hilton de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) y Dubai, uno de los destinos más exóticos del mundo. Además, visitó Egipto, Bahrain, Ras al Khaima (Emiratos) y Túnez (África), lugares a los que volvió a ser convocada en más de una ocasión.
Su estilo en la danza es muy particular, y a los largo de los años, fue tomando diversos matices, producto de un conjunto de factores provenientes del aprendizaje vivido durante tres años en los países árabes. En este momento, Fer Fadilah se encuentra en la cumbre de su carrera, y recorre los países del Golfo y del Magreb, mostrando su afición al mundo y brindando en sus shows toda la pasión de la música árabe y del Bellydance.
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Domingo, 28 de Noviembre de 2010 16:56 |
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R.A.D.A.M.: ¿Cómo te iniciaste en la Danza Árabe?
Fer Fadilah: Mi inicio fue casi de casualidad, pero también fue causalidad. Me encantaba bailar y sobre todo me llamaba la atención el ballet. Un día vi a un grupo de bailarinas que vinieron a presentarse a mi colegio para una muestra, y desde ese momento supe que era eso lo que quería hacer.
R.A.D.A.M.: ¿Quiénes fueron tus profesores?
Fer Fadilah: Mi primera profesora fue Bibiana Cúneo, que me transmitió todo su amor por la danza. Luego, quise seguir aprendiendo y fui tomando clases con diferentes maestros en Rosario: Élida Muga, Hakim al Yassir, entre otros, y durante un par de años también tomé clases en la Sociedad Libanesa, tanto de Bellydance como de danzas folcklóricas. Luego, en la escuela del Maestro Amir Thaleb junto a su staff, pude perfeccionarme.
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Bailar en Túnez...cada show, un flow |
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Viernes, 26 de Noviembre de 2010 22:44 |
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Boudi abrió la puerta del camarín y se derrumbó en el sillón. “Estoy muy cansado”, me dijo; y luego cerró los ojos y se dispuso a reposar 15 minutos, tiempo que restaba para el siguiente show, que era el mío. Eran las 3 de la mañana, y aún quedaban unas cuatro horitas más por delante. En Túnez, los artistas, músicos y trabajadores de los “restaurant spectacle” son vampiros.
En este país del norte de África la noche es eterna. Cuando llego a trabajar aquí, me lleva una semana adaptarme al horario, ya que comienzo a trabajar a la hora en la que en Emiratos o Líbano me voy a dormir. Los bostezos esos primeros días son inevitables, pero la energía de cada show es incomparable, y no hay nada en contra cuando se escuchan los primeros acordes de un buen ritmo tunecino.
Hay un puñado de restaurantes que funcionan muy bien. Lo fabuloso de este país es que –al igual que Egipto- las orquestas de músicos son muy buenas; cada lugar cuenta con un mínimo de ocho músicos. Todas las noches pasan por el escenario diversos cantantes y una bailarina. El programa comienza luego de las doce o una de la mañana, y termina cuando ya está listo el desayuno. ¿Qué hace la gente de sus vidas para poder estar hasta pasadas las 6.30 de la mañana en un restaurante?. Es, definitivamente, otro mundo.
Por lo general, los artistas se van renovando cada dos meses; así que esta vida de vampiro no es para siempre, pero sí para los músicos. Ellos son tunecinos, y están estables durante muchos años. Ya están acostumbrados a irse a la cama a las 8 de la mañana y a contar con pocas horas de sueño. He visto a músicos cabecear en el escenario, adormecidos por el sonido de sus propios acordes. He visto también bailarinas tomando Red Bull antes de cada show, ejem, ejem.
Los shows tunecinos son famosos por sus propinas, por la lluvia de billetes y bailarinas sobre las mesas. Cada perfomance dura alrededor de 45 minutos, en los que la bailarina danza un mix de ritmos, predominando el ritmo tunecino y libio en los últimos 20 minutos. Una serie de factores hace que los clientes arrojen dinero al aire como si fueran papel picado: que están a gusto con el show, que están un poquito “alegres” o simplemente que quieren demostrar cuánto dinero tienen. Sea como sea, el artista de turno junto con los músicos darán lo mejor de sí para que el show sea explosivo y atrayente, y para que el público no deje de vitorear.
Yo también soy una vampira, y este mes estaré viviendo al revés. Llego a mi cuarto a las 5 de la mañana, así que a las 6 ya estoy lista para bajar a desayunar al desayuno buffet. Después de una ducha y dos croissants ya estoy lista para dormir. Mañana será otro día en esta loca ciudad, a la que vuelvo cada vez con agrado. Be´slama!!!
FER FADILAH
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Bahrain, la tierra Khalegge; la perla del Golfo |
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Sábado, 20 de Noviembre de 2010 00:04 |
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Bahrain me recibe de brazos abiertos por segunda vez. La misma época del año que el año pasado, el mismo calor, la misma zona de la ciudad. Pero siempre es distinto. Las personas, los amigos, el trabajo, los paseos. Cada momento es especial.
Nos situamos geográficamente. Bahrain es el país más pequeño del Golfo Pérsico, y está compuesto por más de 30 islas e islotes, de la cual Manama es la mayor, y es la Capital del reinado (así se llama, “Kingdom of Bahrain”). Sus vecinos son Arabia Saudita y Qatar, y la religión oficial es el Islam. Si bien es un pueblo musulmán, es uno de los países más “open mind” dentro de los de religión musulmana. En este terruño conviven en paz musulmanes, cristianos, budistas y algunas religiones menores. También es el único país del golfo que alberga una iglesia cristiana, que se encuentra muy cerca de la mezquita.
Su infraestructura, mezcla de extrema modernidad con una identidad tácitamente árabe hacen de Manama otra ciudad del cercano “Medio Oriente abierto”. Edificios imponentes que desbordan de hierro y sofisticación, conviven con las mezquitas que aguardan cada día a sus fieles. Coches importados se mezclan con las estrechas calles atiborradas de puestos de especias y mujeres completamente cubiertas, mientras una pareja de americanos camina -,mapa en mano- observados por la comunidad de hindúes y paquistaníes comerciantes. Y en medio de todo esto, camino yo, cuando la fiaca me abandona y me saca de la cama.
Para quienes se preguntan cómo es Bahrain, un país que -confieso- hace un par de años atrás no sabía en qué lugar del mapa estaba ubicado, lo primero que pueden imaginarse es una mezcla entre India, Hong Kong y el desierto: India, por la cantidad de nativos de esa tierra (abundan!), Hong Kong por la flamante modernidad cosmopolita, y el desierto por sus típicas tormentas de viento y arena y su tradicional veranito de 50 grados.
Confieso, que no es uno de mis destinos favoritos. Bahrain es un país relativamente pequeño; las actividades se agotan al poco tiempo ya que en 20 días uno puede conocer todo lo que este reinado ofrece. Todo es muy caro; el taxi, la comida, los regalos. Tal vez se aprovechan de que sus amigos petroleros los Saúdis, vienen a pasar sus fines de semana a esta gran isla, abochornados por la falta de actividades culturales de su país. En Arabia Saudita no hay teatros, ni cine, y salvo puntuales excepciones, los espectáculos públicos de música y baile están prohibidos. Por eso Bahrain se convierte en la isla de recreo de los árabes sauditas, ya que están a un paso gracias a un puente que une ambos territorios.
El lugar indicado para entrenar mi khalegge (jalishe, o danza del golfo) es sin duda este país. Aquí gustan mucho del khalegge tradicional, puro, pero con clase. Debo admitir que no era una de mis danzas favoritas. En Argentina es muy común aprender el khalegge más aburrido, lento. Aquí se transforma, se vive la escencia de la danza, se respira en cada paso de baile la pureza de la cultura árabe. Cuando comienza el ritmo, los comensales comienzan a batir palmas al ritmo característico y –paradójicamente- es la parte del show donde más se divierten.
Cada día es un nuevo aprendizaje. Cada viaje tiene una nueva enseñanza. Desde salir a la calle y tomar un taxi, hasta subir al escenario y sentir la adrenalina diaria. Mucho camino aún por recorrer. Ahora, comienza una nueva etapa; en pocos días llega mi amor Guille a vistarme por un mes. Habrá nuevos caminos para recorrer, nuevos lugares para visitar, y muchos días de ocio y diversión; lógicamente estaré desaparecida algunas semanas. Nos volvemos a encontrar en la próxima entrega!. Ma´a El slama!!
FER FADILAH
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Bonjour! A´slama! Le bess? |
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Sábado, 20 de Noviembre de 2010 00:32 |
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Sin prestar demasiada atención a un señor que me pregunta algo que no le entiendo, subo rápidamente los primeros peldaños de la entrada al hotel donde me hospedo. Listo, estoy a salvo. Es mi tercer día en Túnez, de mi tercera vez que estoy en este país. En esta oportunidad me encuentro en pleno centro de la ciudad, y me ha sorprendido la cantidad de gente en las calles, y la desorganización vehicular. Viniendo de Emiratos, donde el peatón pone un pie en la calle y los coches frenan, me estresa sobremanera no poder caminar tranquila y ver que los transeúntes hagan caso omiso a las señales del semáforo. Caos total, pero a la gente parece no importarle demasiado. Los coches esperan a que los peatones -impacientes- pasen, y de vez en cuando una bocina los hace correr. Me detengo al borde de la acera y miro a mi alrededor. Sostengo bien mi cartera, según las recomendaciones de los locales. Un grupo de adolescentes se reúne en una esquina; algunas de las chicas llevan burkas, y me sorprende, ya que si bien es un país musulmán son escasas las mujeres que llevan cubierto su cabello. Un niño de unos 10 años que se acerca, me saca de mis pensamientos y me ofrece una de las típicas flores de yasmin, le doy un dinar y continúa su camino. Entonces, me animo a cruzar la calle.
Ya estoy en el medio de la avenida Zine El Abidine Ben Ali,. Un hermoso corredor peatonal bordeado con frondosos árboles que son el hábitat natural de mucho pajaritos que al atardecer compiten con su trinar y les ganan a los ruidos de las bocinas. Camino tranquila, el corredor es amplio y no hay necesidad de esquivar gente. Me dirijo hacia el souk, uno de los lugares que más me gustan de Túnez. Luego de un par de cuadras llego a la puerta simbólica de la Medina, una estructura de piedra en forma de arco, ideal para la foto turística.
Comienza la acción. El "no gracias, estoy mirando" no es muy tenido en cuenta. Insistentes, los vendedores intentan convencer al comprador de que están haciendo un precio especial, de oferta, y sólo por hoy. El juego consiste en regatear, una actividad ancestral, y muy divertida por cierto. Pero hoy no tengo mucha paciencia, recorro algunas cellecitas y vuelvo. ¿Quién dijo que salir de compras no estresa?.
Volviendo a casa, ya bosquejo en mi mente las primeras oraciones para escribir en mi blog. El contraste cultural que se ve en Túnez es el pilar de la identidad de esta nación. Un país musulmán, pero con fuertes reminiscencias francesas; un pueblo que rompió con algunas tradiciones fundamentalistas y se abrió al cambio. De todo esto surge el actual Túnez. Un país exótico, que -salvando las distancias- bien merecido tiene el mote de "la Francia Oriental".
FER FADILAH
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Sábado, 20 de Noviembre de 2010 00:35 |
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Aún faltaban 40 minutos para mi vuelo. Mi boleto decía puerta 12, así que fui caminando sin prisa. Me encanta el momento previo a volar, cuando ya pasé todos los controles, despaché las valijas y estoy a punto de disfrutar de unas cuantas horas placenteras de relax. Entonces fui caminando despacito, observando a mi alrededor.
Unos cuantos hombres salían del baño arropados con una toalla alrededor d la cintura, sandalias, y algún otro lienzo blanco cruzado sobre un hombro. Sus panzotas y pechos peludos al descubierto, como si salieran del sauna. Se dirigían a la puerta 10, donde se podía leer en el letrero "Jeddah", la puerta principal hacia la ciudad santa de La Meca, en Arabia Saudita.
Sus vestimentas nada tiene que ver con un acceso de calor inmediato o con una moda, sino que está estrechamente ligado con uno de los cinco pilares de la religión musulmana: la peregrinación a La Meca, el acto más importante en el Islam. La peregrinación ("'Hajj") es obligatoria al menos una vez en la vida de los musulmanes, siempre y cuando se disponga de la salud y los medios económicos suficientes para costear el viaje.
Así, estos señores de blanco, y semidesnudos estaban emprendiendo el viaje más importante de sus vidas. En la ciudad de Mahoma, los peregrinos hacen una primera visita a la Mezquita Al-Haram, donde dan siete vueltas alrededor de la Kaaba (un gran cuadrado de piedra negro), considerada como la casa de Dios, el lugar hacia el que se orientan todos los musulmanes para rezar.
Esta época del año es una de las preferidas por los musulmanes para hacer la peregrinación, por su cercanía con el "Eid Al Adha", o "Fiesta del Sacrificio", que rememora cómo el profeta Abraham estando a punto de sacrificar a su primogénito Ismael por sometimiento a Dios, recibió la orden de canjearlo por un animal que pasaba cerca. Así, los musulmanes rememorando este hecho histórico, sacrifican una inocente ovejita. En la Biblia también se describe este hecho; sólo que nosotros no matamos ningún cordero; pero como dijo mi mamá: "pero ya matamos a Jesús".
"Eid Mubarak" para todos!
FER FADILAH
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